Escenario de una de las batallas más sangrientas de la Guerra Civil., en pleno siglo XXI lucha contra la despoblación y el olvido.
Convertido en icono de la barbarie, Belchite lucha contra esa imagen bélica que la historia le ha otorgado. Ahora, sus vecinos tienen un enemigo que amenaza con ser tan letal como las batallas que ha visto en sus calles; la despoblación.
Llegar a Belchite es llegar a dos pueblos en uno. El viejo, foto fija de una de las contiendas de la guerra civil, que permanece en ruinas y abandonado y, el nuevo, construido a pocos metros del primero por la Dirección General de Regiones Devastadas e inaugurado en 1954. Los más viejos del lugar me cuentan que tienen recuerdos repartidos entre las calles de los dos municipios. Deambular por ellas me permite apreciar la dureza de los dos escenarios enfrentados que acogieron a las mismas gentes.
El pueblo viejo se mantiene hoy tal y como quedó después de la Guerra, Las paredes siguen agujereadas, los cascotes manchados de sangre y los cristales de las ventanas hechos añicos. Todo está en ruinas, asolado quedó y así se mantiene por expreso deseo de Franco, quien quiso hacer de él un monumento perenne a su heroica defensa. Y así sigue en nuestros días, como recuerdo para generaciones venideras de los horrores de la guerra, que dejó en esta contienda de apenas 15 días, alrededor de 5000 bajas entre ambos bandos.
Ahora el visitante puede rememorar el horrible episodio de la historia. El paseo por esas silenciosas ruinas sólo habitadas por sigilosos lagartos y tímidos pájaros que cantan obviando la tristeza del lugar, son el duro escenario que presencia el turista. Poco a poco, la lluvia, el sol y el viento han lamido los perfiles como heridas que se curan para que nunca vuelvan a abrirse. En 2019 fueron más de 40.000 los curiosos que quisieron visitar este parque temático del terror bélico, un impresionante testimonio vivo de lo que los hombres pueden hacer con su historia.
El régimen franquista emprendió la construcción de un nuevo pueblo que pasó a denominarse “el nuevo Belchite” para diferenciarlo del habitual Belchite, que se llamó “el pueblo viejo”. Fue en 1954 cuando empezó a recibir a los vecinos, que hasta entonces residieron en las viejas casas dañadas por la guerra y en los pabellones del campo de concentración “la pequeña Rusia”, donde también estuvieron alojados los presos que trabajaron en la construcción del nuevo pueblo.
Antes de la guerra la población de Belchite era de más de 3.100 habitantes, pero tras la contienda perdió un 60% de población, quedándose con tan sólo 1.500 vecinos.
En pleno s. XXI, la despoblación y el olvido son los nuevos enemigos de Belchite. Contra ambos, los vecinos de la comarca proponen Innovación y Cultura. Estas son las dos poderosas armas que enarbola Territorio Goya, asociación creada por los Ayuntamientos de Belchite y Fuendetodos, cuna del pintor, así como por diferentes artistas, intelectuales y expertos aragoneses, para impulsar el desarrollo cultural y socioeconómico de la Comarca. La genialidad de Goya, artista que se adelantó a su tiempo, y personaje mundialmente reconocido, sirve de eje e inspiración en su estrategia para frenar el olvido, el desempleo y la despoblación en el Campo de Belchite.
La tenacidad de los belchitanos, puesta de manifiesto en las batallas históricas celebradas en sus calles, no “rebla” ante el futuro. Las iniciativas para mantener la población pasan por mejorar servicios, tecnología, empleo e infraestructuras que ofrezcan una calidad de vida equiparable a los de la capital aragonesa.
Acostumbrado a ver en sus propias puertas contiendas como las que dieron lugar al primer Sitio de Zaragoza, a los combates en las guerras carlistas en el famoso episodio de la Cincomarzada o al horror de la batalla de la guerra Civil, Belchite propone para este siglo alternativas de cultura, desarrollo y paz.